Se acostó pronto
para soñar con un cielo canela,
un colchón sembrado de flores
y el rumor de poemas que acaricien su pecho.
Se durmió tarde
por el miedo a despertarse luego
y ver que no son reales sus sueños,
que la cama sigue vacía.
Creyó en promesas de una primavera
de colores con aroma a fresas,
de un café en el bar de la esquina
y pasear luego por la Plaza de Oriente.
Después de ilusión llegó su prima decepción
mientras él se marchaba despacio
en la melancolía de su piso
con el mismo silencio con el que ella
inundó la almohada de agua y sal.
Creyó en promesas de una primavera
de colores con aroma a fresas,
de un café en el bar de la esquina
y pasear luego por la Plaza de Oriente.
Aprendió que los sueños no se cumplen
y que soñar con lo irreal para luego despertar
era romper su corazón cada día un centímetro más.
A veces lo único que nos queda es lo que hemos perdido, o lo que nunca tendremos... al fin y al cabo, es lo único que nos impulsa a vivir, o seguir viviendo.
ResponderEliminarSoñar puede ser doloroso pero es algo que nos humaniza a todos un poco, y eso, en el fondo, es bello, no crees?